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Doce semanas en la cuerda floja

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Faltan apenas doce semanas para que Puebla entre de lleno a las definiciones que marcarán el rumbo de los próximos comicios. En ese plazo se decidirá quién termina por levantar la bandera de cada partido en una elección de dimensiones mayúsculas: la renovación de los 217 municipios y de las diputaciones locales y federales. No es poca cosa. Es, en los hechos, el rediseño completo del mapa de poder en la entidad.

Lo que viene es un último empuje, y los últimos empujes suelen ser los más reveladores. Es ahí donde los aspirantes se meten en terrenos pantanosos, caminan sobre la cuerda floja y exponen, quieran o no, su verdadero temple. El periodo que se abre pondrá a prueba el aguante y la resistencia de muchos, porque una cosa es figurar en las encuestas y otra muy distinta es sostenerse cuando arrecia el viento.

El calendario, además, tiene su propia coreografía. Terminando el Mundial, Morena fijará las reglas del juego, y lo hará en un orden que no es casual. Primero se definirán las candidaturas a las gubernaturas; después vendrá el turno de las diputaciones federales. Esa será la primera aduana para más de uno, porque los nuevos estatutos del partido ya no permiten inscribirse para varios cargos a la vez. Quien tenga aspiración deberá elegir, y elegir temprano, sin la red de seguridad de antes. Para algunos perfiles acostumbrados a mantener abiertas todas las puertas, esa sola regla será un filtro decisivo.

Luego seguirán las diputaciones locales y, al final, los aspirantes a las presidencias municipales. Hacia septiembre, todos sabrán con claridad dos cosas que hoy todavía se mueven entre rumores: a qué cargo van a competir y, sobre todo, contra quién van a competir realmente de manera interna. Esa segunda certeza es la que desvela. Porque la verdadera contienda, la que define carreras, muchas veces no es contra el adversario del otro partido, sino contra el compañero de mesa que aspira a lo mismo. Ahí es donde algunos tendrán que dejar su cargo actual para emprender una nueva travesía, sin garantía de buen puerto.

Mientras ese reloj corre, la política no se detiene. Muchos siguen trabajando, tratando de construir narrativas y de consolidar el capital político que han acumulado. Saben que las definiciones no premian solo a quien tiene mejores números, sino a quien sabe convertir esos números en acuerdos.

Y si de trabajo constante hablamos, hay un nombre que no ha parado: el del alcalde de Puebla, Pepe Chedraui. Consciente de que encabeza los mejores indicadores de conocimiento en la capital, va tejiendo con finura los acuerdos que lo colocarían en ruta hacia la reelección. La política, al final, es eso: paciencia para tejer y oído para escuchar. Una imagen reciente lo dijo todo sin necesidad de discurso. La fotografía que compartió junto a los presidentes de las juntas auxiliares no pasó desapercibida para nadie, porque habla de un control territorial y de una capacidad de acuerdo que pocos pueden exhibir hoy en la capital poblana. En la antesala de las definiciones, una foto así vale más que mil declaraciones.

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En la otra orilla, hubo quien decidió bajarse de la contienda antes de que arrancara formalmente. A pesar de que su nombre figuró con relevancia en las filas de Acción Nacional, la ex presidenta municipal de Puebla, Blanca Alcalá, ha dejado claro que no quiere participar en la próxima elección. Su decisión, lejos de la sorpresa, parece una lectura realista: sabe lo intensa que será la batalla y elige no entrar a una pelea cuyo desgaste anticipa. En tiempos donde abundan quienes se aferran, una retirada calculada también es una forma de hacer política.

Así que el tablero empieza a ordenarse. Doce semanas que parecen pocas pero que alcanzan para que se caigan los que solo aguantaban de pie por inercia y para que se afiancen los que vienen trabajando en serio. La cuerda floja no perdona a los improvisados. Y en Puebla, como siempre, el que sepa mantener el equilibrio cuando todos miran será quien cruce al otro lado.

clh

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