Las remesas continúan siendo uno de los principales motores de ingreso de divisas para México; sin embargo, su reciente desaceleración obliga al país y a los estados con alta dependencia migratoria a replantear su modelo de desarrollo económico, advirtió Anselmo Salvador Chávez Capó, profesor investigador de la Licenciatura en Administración Financiera y Bursátil de la UPAEP.
El académico explicó que, de acuerdo con el informe más reciente del Banco de México, en diciembre de 2025 las remesas ascendieron a 5 mil 322 millones de dólares, lo que representó un crecimiento interanual de 1.9%. No obstante, al analizar el acumulado anual, el panorama es menos alentador: México recibió en total 61 mil 791 millones de dólares en remesas durante 2025, cifra 4.6% menor a la registrada en 2024, cuando se alcanzó el máximo histórico de 64 mil 750 millones de dólares.
“Estamos hablando de casi 3 mil millones de dólares que dejaron de llegar al país, y eso es una señal de alerta para la economía nacional”, subrayó Chávez Capó.
Anselmo Chávez explicó que, a diferencia de hace dos décadas, cuando una tercera parte del presupuesto federal dependía de la exportación de petróleo, actualmente esa aportación se ha reducido a cerca del 5%. En contraste, las remesas se han consolidado como una de las principales fuentes de ingresos en moneda extranjera para México.
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Sin embargo, factores como la política migratoria de Estados Unidos, la desaceleración de su economía, la incertidumbre comercial y la aplicación de nuevas cargas fiscales a los envíos en efectivo están influyendo directamente en el flujo de remesas hacia el país.
De cara a 2026, Chávez Capó anticipó un rebote moderado, con un crecimiento estimado de entre 1.5 y 2.7%, lo que permitiría que las remesas superen ligeramente los 62 mil millones de dólares, aún lejos del récord histórico.
“La economía estadounidense crecerá de manera más lenta, habrá menos contratación y se privilegiará a trabajadores con estatus legal, lo que mantendrá el envío de remesas, pero sin grandes incrementos”, explicó.
A pesar de la contracción a nivel nacional, Puebla mostró un comportamiento positivo. El estado captó alrededor del 5% del total nacional de remesas, al pasar de 3 mil 366 millones de dólares en 2024 a 3 mil 426 millones de dólares en 2025, lo que representó un crecimiento de 1.7%, la cifra más alta registrada en la historia del estado.
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“El impacto negativo no fue tan fuerte en Puebla, gracias a la solidez de sus comunidades migrantes en el noreste de Estados Unidos”, destacó el investigador.
Los municipios que concentraron la mayor recepción de remesas fueron Puebla capital, Tehuacán e Izúcar de Matamoros, además de otras localidades como San Martín Texmelucan, Tecamachalco, San Pedro Cholula, Huejotzingo, Tepeaca, Acatlán y Tepexi de Rodríguez.
Chávez Capó explicó que la fortaleza de Puebla se debe principalmente a tres factores: Vínculos históricos sólidos entre comunidades poblanas y ciudades como Nueva York, Nueva Jersey y Connecticut, consideradas “ciudades santuario”.
Mayor regularización migratoria, con poblanos que han obtenido residencia o ciudadanía estadounidense. Y, estabilidad laboral relativa en esas regiones, donde la desaceleración económica ha sido menos severa.
A pesar del buen desempeño, el especialista advirtió que existen riesgos importantes, como el incremento del costo de vida en Estados Unidos, el encarecimiento de rentas y servicios, y la posible reducción del monto enviado por familia.
Asimismo, señaló que regiones como la Sierra Norte y la Mixteca poblana son las más vulnerables ante una eventual caída de las remesas, ya que en algunos municipios hasta 40% del consumo local depende de estos recursos, impactando sectores como la autoconstrucción, el comercio y las tradiciones comunitarias.
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Foto: Especial
cdch