La gobernadora de Baja California, Marina del Pilar Ávila Olmeda, se ha convertido en el mayor lastre de la 4T. Quizá no ha hecho nada malo. Seamos objetivos: los audios que circulan no prueban ningún ilícito. Pero la exhiben como una persona débil, asustada, sin carácter. Esto resulta una verdadera pena en un sistema político como el de la 4T liderado por mujeres sumamente valientes que no se doblan ante nada ni nadie.
Debido a sus miedos —justificados o no por una mala conducta—, Marina del Pilar ofreció con una facilidad que espanta información de las mesas de seguridad a quienes la buscaron, supuestamente de parte de agencias policiales o de justicia de EE.UU.
Innegablemente ello es gravísimo, sobre todo porque la gobernadora lo hizo con la tranquilidad de quien ofrece chicles a un amigo.
Lo dijo con toda claridad: ante el interlocutor adecuado, ella podría compartir lo que conoce por asistir a las mesas de seguridad. Esto de ninguna manera es ético; tampoco es políticamente aceptable. La gobernadora Ávila no debe, por ningún motivo, seguir participando en reuniones en las que se procesa información tan delicada que incluso puede calificarse como de seguridad nacional.
Te puede interesar
Palenque y la derrota por saturación
Terrible escuchar eso de: “¿Qué necesitan? ¿Qué quieren saber? Yo puedo decir lo que he escuchado…”. Marina del Pilar, de plano, no tiene la estatura para gobernar una entidad tan compleja como Baja California. Jamás se habrían doblado las mujeres fuertes de la izquierda mexicana: la presidenta Claudia Sheinbaum; la secretaria de Gobernación, Rosa Icela Rodríguez; la activista Citlalli Hernández; la dirigente de Morena, Ariadna Montiel; o secretarias de Estado como Luz Elena González y Raquel Buenrostro.
Las infidelidades institucionales ocurren por muchas razones: celos, dinero o una ambición desmedida para ascender rápido. Sin embargo, el peor de los motivos es la falta de carácter, que es justamente el caso de la gobernadora Marina del Pilar. Ella se quebró de inmediato ante el fantasma de una presunta extradición y el temor de rendir cuentas a la OFAC —el equivalente estadounidense a la UIF de México—, esa oficina que es el terror de quienes, antes de disfrutar su patrimonio, lo llevan a la tintorería para un lavado y planchado profundo.
Si sus miedos se justifican por malas acciones del pasado, terrible situación la de la gobernadora Ávila Olmeda. Si no hay razones para estar preocupada y solo se asustó por un cuatro que le pusieron, peor todavía.
Pienso que la opción verdadera es la segunda: fue el miedo, incontrolable, lo que arrastró a Marina del Pilar a ofrecer información clasificada de su propio país a cambio de una salida personal ante supuestas acusaciones de EEUU.
En las mesas de seguridad del gobierno mexicano no puede ni debe participar gente miedosa. La gobernadora de Baja California es miedosa y mucho más: ante una llamada informal —sin documentos oficiales, un probable cuatro que enemigos políticos le pusieron— ella se desmoronó a tal punto que ofreció información sensible del Estado.
Ni hablar, Marina del Pilar Ávila Olmeda no es una persona confiable. Por lo tanto, se le debe excluir de las mesas de seguridad de Baja California y, por supuesto, jamás volverla a invitar a las nacionales.
¿Que el audio parece una celada, un cuatro? Eso parece, sin duda. El problema no es ese —los enemigos políticos de Morena hacen su trabajo sucio y lo seguirán haciendo—; el problema es la ingenuidad y la falta de carácter de Marina del Pilar para enfrentar situaciones complejas.
Habrá quien diga que la gobernadora de Baja California no estaba ofreciendo traicionar al Estado, sino solo darle el avión a quien la llamó. Esta duda es aceptable. Sin embargo, ante la duda, ella no puede ser confiable para seguir manejando información estratégica del Estado mexicano.
¿Que editaron el audio? Eso no elimina la gravedad del ofrecimiento de entregar datos de las mesas de seguridad. La ingenuidad de la gobernadora Ávila Olmeda no la salva; más bien, la condena.
Por lo tanto, y esta es mi opinión —que podrá ser o no la de la presidenta Claudia Sheinbaum y de quienes mandan en Morena—, aunque pronto Marina del Pilar concluirá su mandato, debe ahora mismo ser marginada de las mesas de seguridad y hasta pedir licencia a su cargo. Mantenerla con acceso a información sensible bajo el argumento de no hacer olas que perjudiquen al partido de izquierda es un riesgo mayor que la 4T no debe permitirse.
¿Quieres mantenerte a tanto de todas las noticias hoy en Puebla? ¡Explora más en nuestro portal ahora mismo!
Columna de Federico Arreola en SDP Noticias
Foto Especial
clh