En un hecho que mezcla memoria, conciencia ambiental y participación comunitaria, este martes fueron donados y liberados 40 peces japoneses en el pequeño afluente de agua recientemente recuperado por habitantes y autoridades auxiliares de la colonia Ahuehuete ubicada a 15 minutos de la cabecera local.
El estanque, considerado por vecinos como un símbolo natural de la zona, volvió a cobrar vida luego de varios trabajos de rescate y limpieza impulsados por la inspectoría local y pobladores de la junta auxiliar de San Pedro Benito Juárez, la más cercana al Popocatépetl, quienes durante meses buscaron rehabilitar el sitio afectado por basura, abandono y disminución del flujo de agua.
La donación de los peces estuvo a cargo de un establecimiento especializado en la venta de accesorios para acuarios y terrarios. Los ejemplares fueron colocados de manera simbólica y gradual en el cuerpo de agua ante la presencia de habitantes y curiosos.
“El motivo de mi donación fue porque de niño yo iba a ese lugar a pescar pececitos y de ahí despertó mi gusto por la acuariofilia. Como un agradecimiento al Ahuehuete quise donar u ofrendar estos peces a ese lugar”, expresó el benefactor durante la liberación.
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San Pedro Benito Juárez es reconocida por su cercanía con el Popocatépetl y por ser una de las comunidades más afectadas históricamente por la caída de ceniza volcánica. A pesar de ello, sus habitantes han impulsado en años recientes diversas acciones comunitarias enfocadas en el rescate ambiental y preservación de espacios naturales.
Durante el encuentro también surgió la posibilidad de incorporar ajolotes al lugar, una propuesta que ya comenzó a ser comentada entre vecinos. Aunque todavía no existe un proyecto formal, la idea busca fortalecer el ecosistema del estanque y convertirlo en un espacio de conservación y educación ambiental.
Especialistas recuerdan que el ajolote mexicano es una especie emblemática y delicada, por lo que cualquier introducción debe realizarse bajo supervisión técnica y en condiciones adecuadas para garantizar su supervivencia y evitar afectaciones al ecosistema.
Por ahora, la liberación de los 40 peces japoneses representa para los habitantes del Ahuehuete algo más que un acto simbólico: la señal visible de que el agua volvió y con ella también la vida.
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Foto Lena Velázquez
LMR